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Le pusimos gafas al Tarlà

 

La leyenda cuenta que, en la época donde la peste negra era uno de los temores colectivos, surgió un brote de esta enfermedad en la calle Argenteria. Para evitar los contagios con el resto de la ciudad, la calle se cerró en ambos lados y se puso en cuarentena. Durante este tiempo, un simpático personaje conocido como Tarlà, hacía acrobacias por la calle con el fin de divertir y entretener a los vecinos.

Hoy, el Tarlà, un muñeco que hace piruetas colgando a ambos lados de la calle Argenteria, es una de las figuras más emblemáticas de Girona.

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